viernes, 4 de mayo de 2012

Moverse para recordar (ex cárcel de Valparaíso)

por Ana Carvajal

Cuando me invitaron a hacer una intervención en la ex cárcel con motivo del Día de la Danza, no pude si no recordar mi vínculo con ése lugar que conocí antes de su remodelación en Parque Cultural de Valparaíso. Fui a la ex cárcel muchas veces, “El Papito” (ex reo que durante mucho tiempo trabajó en la ex cárcel) me hizo un tour atroz por los calabozos contándome historias espeluznantes de sus días en el encierro.
Es un lugar que los porteños lograron transformar en un centro cultural con grandes esfuerzos de muchos, pero que sin duda cuenta una historia inolvidable en sus paredes. No estoy en contra de que hoy se haya transformado en un centro moderno y pulcro para las artes, si no que creo que no se puede olvidar lo que ese espacio fue, porque la memoria es lo que nos mantiene enraizados y vinculados. Creo que a pesar de que dejaron algunas partes estructurales de la cárcel, para recordarnos lo que fue, debiese existir un memorial con fotos y explicaciones para quiénes se enfrentan a este espacio por primera vez.
Los coreógrafos invitados hicimos una visita al parque cultural para poder elegir el lugar donde cada uno haría su intervención. Lo que me sorprendió de esta visita es que guiados por el director del Parque Cultural de Valparaíso, Justo Pastor Mellado, se nos hizo una especie de tour por Valparaíso que finalizaba recorriendo el nuevo centro. Creo difícil que ninguno de nosotros conociera Valparaíso, y de haber sido así, creo que un santiaguino por muy culto que sea no es el indicado para hacer este tour. Pero lo que más me dolió fue que no se hiciera referencia alguna a la cárcel, salvo uno que otro comentario que no situaba en absoluto lo demoledor que fue este lugar. Recordé a Papito y su tour, recordé a mis amigos de La Peste que tanto han trabajado por el teatro en Valparaíso, recordé a la ex Escuela La Matriz donde trabajé tanto tiempo. Y esto no me calzaba por ninguna parte.
Lo he dicho bastantes veces “me cargan los días de…”­­ desde el día de la mujer hasta el día de la danza, pasando por el de la madre, el del padre, el del niño etc… y especialmente con el día de la danza tengo un sentimiento desagradable porque normalmente se festeja pidiendo extractos de obras para poder mostrar varias cosas y ninguna al mismo tiempo, pero esto me pareció una buena idea, más allá del día de la danza, pues me interesaba trabajar en este lugar.
Decidí entonces trabajar con Katty López, actriz, a quién conocí en aquellos años en que trabajábamos en la  Escuela de Teatro la Matriz, integrante del Teatro La Peste y que recientemente pude convocar a “Creo Falso” como intérprete, haciendo el gesto de que este espacio es mucho más de los porteños que de los santiaguinos. Busqué un lugar donde aún quedara el espacio de la cárcel intacto. Escogí entonces el corredor desde donde vigilaban los gendarmes, que curiosamente es donde hay una vista de Valparaíso envidiable. El corredor esta en el muro que dividía la cárcel de la sociedad, sin embargo al estar en pleno cerro cárcel, los presos podían ver sus casas desde las celdas y a veces incluso hablar con sus familiares. Por lo tanto, los gendarmes, además de poder vigilar la cárcel, podían vigilar el cerro entero.
¿Cómo se mueve un preso?, caminatas lineales, tratando de ejercitar los músculos atrofiados de hacer nada, engañando al cuerpo, haciéndolo creer que se está recorriendo un largo trecho. Gestos y señales que terminan siendo códigos de un vocabulario interno. El ocio que termina convocándolos a jugar, leer pelear, escribir, matar el tiempo.
La pelea
La violencia de estar privado de libertad y las condiciones de este encierro generan cuerpos violentos y fuertes. Existe una manera de pelear en la cárcel a través de estocadas, las armas las confeccionan ellos mismos con materiales de sus camas o lo que encuentren punzante, y así se enfrentan. Me pareció que en una pelea se resumían muchos tópicos que me resonaban al recorrer la ex cárcel y que ahora renovada me resultaba necesario recordar, no como homenaje, sino que no puedo olvidar este espacio como lo conocí. Detesto la amnesia y sin afán de querer que ese espacio siga siendo lo que fue, creo que para valorarlo hay que recordar todos los esfuerzos que se hicieron antes y todo el sufrimiento que pasó por ahí, pues no por pintar encima se olvida, además que la cárcel simplemente cambió de lugar, a uno más amplio, pero aún siguen las mismas prácticas. Cómo olvidar lo que ocurrió hace tan poco en San Miguel. Entonces me pregunto cómo una sociedad aún sigue pensando que ésta es la manera de terminar con la violencia y delincuencia, y lo que es aún más doloroso, por qué creemos que este cáncer debe estar lejos de nosotros, apiñando gente en un lugar inhóspito e ineludiblemente incapaz de reformar a nadie.
Creo haber identificado en esta convocatoria algo así como dos generaciones, quizás tres. Compartí este espacio con muchos de mis profesores y compañeros, un encuentro generacional nada fácil, todos siendo parte de una historia de la danza chilena que se sigue forjando y aunque pueda haber sido un poco desordenado el accionar de la intervención, me parece que fue un esfuerzo por mantener el espíritu del día de la danza.

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